Es el "siga, siga", con la diferencia de que en la política tucumana no hay un Francisco Lamolina que, silbato en mano, levante sus brazos para sugerir que el juego continúe. Sólo bajo semejante relajamiento puede justificarse este inicio de año electoral en el que pocas cosas parecen desenvolverse dentro de los carriles que imponen las reglas de juego.
Es el mundo de las contradicciones. Un Gobierno que se dice militante de los derechos humanos y que arropa bajo sus sábanas al bussismo residual. Una oposición que gasta saliva en insultos y en reproches contra las prácticas clientelares y rastreras del oficialismo, pero que se esmera por emular a lo que considera las principales mañas de la política.
Sólo en el reino del vale todo se tolera tanto mestizaje. De lo contrario, cómo pueden justificarse los dichos de un ministro de Gobierno que acusa a sus socios políticos de bolsoneros en plena campaña electoral. Y que recibe como réplica un rosario de críticas provenientes del propio gabinete que integra. En definitiva, o se está de un lado o del otro. No en el medio. Salvo que, otra vez, el gobernador actúe de "Pancho", haga el ademán de que nada pasó y todo siga.
Hombre acostumbrado al juego brusco, el diputado Gerónimo Vargas Aignasse recibió ayer una tremenda zancadilla. Lo penaron por una reiteración de faltas y es ahora un exiliado patagónico, ¿y alperovichista? En la Casa Rosada no cayeron bien tanto protagonismo mediático contra Julio Grondona y menos aún las paredes que ensayó junto al empresario Daniel Vila. Sin embargo, el cristinismo lo dejó seguir jugando hasta el final. Minutos antes de que suene el silbato, hay quienes sugieren que el alperovichismo puro es quien ordenó su cambio. De ahí que el Gobierno del "siga, siga" se hizo el desentendido. Nadie, menos aún el gobernador, reclamó explicaciones por la sustitución. Y Vargas Aignasse, tampoco. Porque todo debe seguir.
En un campo de juego vertiginoso, los jueces tienden a ser más permisivos. Por eso en la jerga de los acoples alperovichistas nadie se atreve a reclamar una falta, pese a que hay sectores de la capital que juegan con ventaja deportiva. Y todos los admiten. Así como aceptan que la lista de los "Cacho" (Armando Cortalezzi y Ramón Santiago Cano) sea la dueña de la pelota, tragan saliva cuando se anuncian candidatos a diputado que nunca jugaron en suelo embarrado, pero que acumulan más pergaminos que los todoterreno: Beatriz Mirkin, por caso, es ministra, senadora suplente y candidata a legisladora por el Este.
En off side
En la oposición nadie para la pelota. En consecuencia, la UCR se quedó casi sin discurso. Para sortear la poceada cancha de la interna partidaria toleró en sus listas candidatos la misma re-reelección que, desde 2006 reprochó -judicialmente- al alperovichismo. El off side es evidente. Total, si nadie cobra la falta...
Tampoco es el único sector en el que todo sirve para seguir en carrera. El Proyecto Tucumán de Esteban Jerez promulga el jogo bonito pero eligió un DT en sus antípodas. El ex fiscal anticorrupción habla de institucionalidad, reprocha el avasallamiento a la Justicia y defenestra contra la perpetuidad en el poder, mientras recibe indicaciones tácticas de los Rodríguez Saá, dueños del juego desde hace 20 años en San Luis bajó un régimen que no concibe la alternancia y que poco tolera la pluralidad.
Francisco Lamolina marcó una etapa en el fútbol argentino con su permisividad. En la era de la política alperovichista y cristinista, el juego debe continuar. Casi sin interrupciones. Es que mientras haya brazos en alto, todos sacarán provecho del "siga, siga".